27/03/2015




Alicia GIMÉNEZ BARTLETT, Donde nadie te encuentre, Destino-Booket, 2012

A mí me gustan mucho las novelas policíacas de Giménez Barlett en las que aparecen una pareja de guardias civiles, la feminista Petra Delicado y Fermín Garzón, un policía de edad madura, educado para acatar las órdenes.

Recordemos las novelas que protagonizan : desde Ritos de Muerte (1996), Día de perros (1997), Mensajeros de la oscuridad (1999), Muertos de papel (2000) , Serpientes en el paraíso (2002), Un barco cargado de arroz (2004, Nido vacío (2007), El silencio de los claustros (2009), Donde nadie te encuentre (2011), Nadie quiere saber (2013), Los cuerpos extraños (2014) y Crímenes que no olvidaré, 2015, una recopilación de nueve relatos.

Donde nadie te encuentre recibió el premio Nadal en 2011 y su primera edición se publicó en 2012. Es una obra entre novela policíaca por su técnica y novela histórica por su temática que se enmarca en la corriente del « deber de memoria ».

Para escribirla, la autora se inspiró del libro de investigación del periodista José Calvo, La Pastora. Del monte al mito[1].

La técnica es la de la novela policíaca. Nourissier, un psiquiatra francés especializado en mentes criminales, profesor en La Sorbona, se ha enterado por la lectura de un artículo de un periodista barcelonés de la existencia en los maquis de la región del Levante de una mujer rara. La Pastora, así la llaman por sus orígenes, va disfrazada de hombre y tiene en jaque a la guardia civil. El caso le interesa. Viaja a España, contacta con el periodista y lo contrata mediando remuneración para que le ayude en su búsqueda. Empiezan sus andanzas, que tienen algo del Quijote, con un Nourissier ingenuo y un Carlos interesado por el dinero. La búsqueda va a resultar incómoda (el burgués parisiense tiene que pegarse con condiciones de vida inusitadas e inhóspitas), complicada (nadie sabe dónde se esconde y nadie quiere hablar, por miedo) y llena de trampas (acoso de la guardia civil, recelo mezclado de odio por parte de los habitantes de la sierra, traiciones…). Por fin y tras muchas peripecias, Nourissier logra dar con La Pastora. La autora mantiene el suspense hasta las últimas líneas.

En esa parte, en telón de fondo, Nourissier descubre la España profunda, miserable, vil, cuanto más que en aquella época – estamos a finales de los años cuarenta y  principios de los cincuenta – de penuria, de dictadura y de corrupción. Los tiempos eran duros sobre todo para los campesinos, quienes, para sobrevivir, tenían que componérselas con los hurtos de los maquis y las exacciones de la guardia civil.

Los capítulos que cuentan las pesquisas de Nourissier en tercera persona alternan con capítulos en los cuales La Pastora cuenta su vida en primera persona.

Si la parte que narra las pesquisas de Nourissier son mera ficción, con excepción de los hechos en donde interviene La Pastora, los capítulos cuya protagonista narradora es La Pastora son una adaptación novelizada del libro de José Calvo quien, con motivo del primer juicio en 1961, pudo conversar con ella.

Teresa Pia Meseguer nació como mujer en una aldea del Levante. En su juventud se dedicó a cuidar las ovejas, de ahí su apodo La Pastora. Su aspecto hombruno y su comportamiento, poco o nada femenino, le valían los improperios de los chavales : « Teresot, Teresot, ¿qué tienes entre las piernas ?… ». Harta de las violencias de la guardia civil, y a semejanza de muchos jóvenes en aquel entonces, se integró en el maquis, se vistió con prendas masculinas y se hizo llamar Florencio. De hecho, como se comprobó en los exámenes ginecológicos que hubo de pasar cuando la encarcelaron, la masculinidad de La Pastora fue reconocida. Pero tuvo que esperar hasta 1980 para que fuera oficializada.

En el largo monólogo, La Pastora cuenta su juventud, su entrada en el maquis precedida de todo un ritual para convertirse de mujer en hombre, a semejanza de una chica que entra en un convento (corte de pelo, abandono de su ropa femenina,… ). Cuenta sobre todo su vida en el maquis, la clandestinidad, los combates, las luchas con los campesinos para conseguir alimentos y dinero, el acoso permanente de la guardia civil, las amistades y las traiciones, los ajustes de cuentas con los masoveros que les delatan, el papel hipócrita de los dirigentes del PC, los cuales, cuando decidieron el abandono de la lucha armada y ordenaron la retirada, no vacilaron en formular falsas acusaciones contra rebeldes como La Pastora y el camarada Francisco, que se negaban a acatar las órdenes tachándolos de traidores, lo que significaba condenarlos a muerte. (Francisco sabía que la guardia civil estaba avisada de la retirada, lo que explicaría que sólo hubiera habido un superviviente en el grupo, que emprendió el camino hacia Francia en 1949). Cuenta también su soledad después de la muerte de Francisco y las dificultades cada vez mayores para sobrevivir y esquivar las persecuciones de la guardia civil, tanto más acuciantes cuanto que La Pastora se había convertido en un mito.

En una nota final muy breve, la autora recapitula los momentos importantes de los últimos años de la vida de La Pastora, a partir del libro de José Calvo, desde su salida de España en 1956 hasta  su muerte en 2004 : su estancia en Andorra, su expulsión y su entrega a la policía española en 1960, el juicio en 1961 y su puesta en libertad en 1977) .

 


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