15/06/2017


STEMBERT Rodolphe


Jon ARRETXE

 

Piel de Topo, Erein, 2017

 

 

Juegos de cloaca, la cuarta entrega de la saga de Touré, el primer detective negro, se concluía de una manera horrorosa cuando acabaron con los nigerianos que hostigaban a Touré. Ese ajuste de cuentas sangriento no pasó desapercibido para el policía encargado de la video vigilancia apodado El Rata que se contentó con retener lo que había visto. Y cuando la policía hace la vista gorda hay gato encerrado.

 

Efectivamente, La Rata, un sujeto sin ningún escrúpulo se ha enterado del provecho que podía sacar de aquel acontecimiento. Detrás de sus pantallas va a observar todas las andanzas de Touré y su pandilla a la que se ha unido Sergio, un nuevo compañero. Es un ciego, algo raro que se expresa con un lenguaje formal y lleva un auricular en un oído con el cual escucha novelas grabadas. Es de Cuenca y ha venido a Bilbao para vender cupones de la ONCE. Touré le advierte que el barrio en el que están llamado la Pequeña África por el número de inmigrantes que allá viven, no es el lugar adecuado para vender sus cupones. Pero no hace caso de los consejos de Touré. Paulatinamente Touré traba amistad con Sergio. El ciego con su agudeza auditiva, su olfato agudo y ... su sexto sentido va convertirse en un excelente ayudante en las tareas detectivescas de Touré.

 

En cuanto a Touré, cuando empieza la novela, es contratado por los dueños del Florines, último bar - restaurante del barrio administrado por españoles. Encargan a Touré la misión de encontrar un cartel luminoso que se les robaron. Puesto que Touré va a cobrar en especie y no en efectivo (revolcones con la patrona, regalos de taperes de pulpo o de cecina que comparte con sus amigos) no va a ser muy diligente en indagar en el asunto del cartel luminoso.

 

La Rata, al tanto de cuanto hace la cuadrilla de Touré empieza a ejercer un chantaje permanente comenzando por conseguir que le manden informaciones sobre los magrebíes que frecuentan la mezquita, que denuncien a yonquis, que localicen a presuntos yihadistas,... Las cosas se pusieron más feas cuando les pidió que localizaran al individuo encapuchado que tapaba los objetivos de las cámaras con pintura negra (a lo que se negaron, por supuesto).

Las demandas iban creciendo y el punto de  no retorno fue cuando les forzó a armar expediciones punitivas de las cuales una  salió muy mal.

Con la soga al cuello, no quieren convertirse en sicarios de ese siniestro individuo quien, además de chantajear no pierde ninguna oportunidad para humillarlos, más en particular a Touré.

Entonces se plantea el problema de ¿cómo desembarazarse de él? A pesar de la imaginación que suelen demostrar y de su gran inventiva, se encuentran en un callejón sin salida. Mientras tanto el tiempo apremia.

Finalmente es Cristina, la dependiente de la farmacia, que va a dar con   solución la más eficaz pero a la vez la más horrorosa, tan horrible que Touré en su fuero interno  se siente incómodo.

Sin embargo el  suspense no  acaba con el castigo de La rata. Otra sorpresa está  esperando al lector al final de la novela con un segundo desenlace que no voy a revelar aquí.

 

Piel de Topo sigue la línea de las novelas anteriores. No obstante, desde 19 cámaras, las cosas y la gente han evolucionado.

Si el hilo conductor de la saga Touré es « el fin justifica los medios », los medios aplicados por Touré y sus compinches en las tres primeras entregas eran cosas sin gran importancia que consistían en pequeñas estafas más bien divertidas que, en el peor de los casos, terminaban con una paliza.

 

Ya los acontecimientos empeoraban en Juegos de cloaca cuando tienen que matar para no ser matados. Con  Piel de Topo traspasan otra frontera al premeditar y organizar científicamente la muerte de La Rata.

 

Ese personaje ha evolucionado igualmente. De vigilante pasivo que se limitaba a mirar las andanzas de los habitantes de “La pequeña África” sin intervenir, incluso disfrutando al ver el ahogamiento de un delincuente de poca monta en las aguas del río Nervión (19 cámaras) se ha convertido en un cazador despiadado.

 

El barrio también está cambiando y se encuentra entre dos invasiones, la de los refugiados sirios y eritreos por una parte y la gentrificación por otra parte. Los burgueses bilbaínos que venían encanallarse sólo los fines de semana empiezan a especular en los inmuebles con el motivo oficial de adecentar y modernizar el barrio.

 

Desde el punto de vista de la escritura aparece una novedad importante. Mientras las cuatro primeras novelas estaban escritas en primera persona siendo Touré el narrador protagonista, en esta última entrega, todos los capítulos dedicados a La Rata vienen en segunda persona, . como si este dialogara con sí mismo. Esa técnica va a modificar el punto de vista del lector permitiéndole adentrarse en la mente del personaje,  conocerle mejor (está divorciado, alcohólico, no se lleva bien con sus colegas,...), estar al tanto de sus comentarios, de sus pensamientos....

 

¿ Habrá una continuación ? Difícil deducirlo de las últimas páginas : por una parte Etxebe, el policía « amable » dice a Touré que De ahora en adelante vamos a arreglarnos muy bien [...] Nos conformamos con verte de vez en cuando y, por otra parte Touré confía que estaba harto, asqueado de tener que andar siempre dando vueltas a la cabeza buscando la mejor manera de encarar un futuro incierto.

 

No puedo terminar esa reseña sin mencionar la portada de Cristina Fernández que es en sí un abstracto de la novela.

 

 

 

 

 

Les commentaires sont fermés.